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Circunloquios

01 Abr

Perrito

Cada día somos testigos del atropello a los derechos más básicos que implican respetar al prójimo.

Tengo claro que los circunloquios y metáforas son parte de mi de-formación profesional, herencia de la literatura y de mi carrera de Pedagogía en Castellano.Afortunadamente no fui a los cursos de liderazgo que un gurú estilo Buda impuso durante un tiempo en Arica, hasta que desapareció del mapa y dejó un montón de niños y niñas abandonadas, que aún se creen el cuento. Como dice un amigo que heredé el año pasado, “son los típicos levantados de raja”. Si hubiera asistido ya habría cambiado los “probablemente lo haré” por “lo hago hoy”, nada de situaciones nebulosas que alargan con respiración artificial la cotidianeidad. Pero funciono con tonos de grises y transiciones, de otra forma este artículo tendría nombres y apellidos. Mejor es escribir generalidades, caso contrario, habría más gente dispuesta a tirar más piedras.

Es difícil hacer el ejercicio de entender a los seres humanos que se creen superiores. A los que les invade cierto airecillo de arrogancia e incluso se sienten más grandes, más seguros, más hermosos, y por supuesto, más poderosos. Generalmente quienes actúan así están en algún lugar que la sociedad común admira, rinde pleitesía y muchas veces envidia. Estos seres cuando ocupan el escritorio generoso que circunstancialmente tienen antes ellos, se olvidan de sus contextos y sus lealtades.

Cada día somos testigos del atropello a los derechos más básicos que implican respetar al prójimo. Pero muchas personas necesitan validar su pequeñez, a través de la petulancia. Y la única oportunidad que se ofrece es el espacio laboral o político donde quienes poseen menos rango tienen que acatar, mostrando los dientes, aunque por dentro estén llenos de rabia. Al final hay que sobrevivir de alguna forma, con mayor razón ahora que es más difícil encontrar pega.

Es extraño el poder. Algunos seres que lo han tenido alguna vez siguen pegados a esa figura inexistente, cuando hace rato que ya nadie se les inclina, haciendo reverencias. Así aparece casi patético el síntoma de prepotencia que los rige en su vida. Al fin, es la amargura la que circunda a quienes no toleran la escasa felicidad ajena, que a veces apenas se saborea.

Algunos líderes trasnochados levantan la voz más allá de lo permitido, hay que hablar fuerte y mostrar seguridad con el otro. Este liderazgo desestructurante ya pasó de moda, no convence a nadie y parece una caricatura.

Lo que queda es la figura de seres amargados, que no se ríen ni dejan reír y que olvidan sus orígenes. Muchos partimos de abajo, otros tuvimos oportunidades desde el centro y los menos llegaron desde arriba. Todas estas diferencias sociales convergen en la gran idea que es ser persona.

En este mundo tan árido, tan dolido por las injusticias sociales, tan soñado por los que aún creemos en los molinos de viento, tan golpeado por las diferencias, no es necesario que sigamos hiriéndonos. Particularmente me angustia cuando los que aplauden el poder desde abajo también discriminan a sus pares, creyendo que los jefes son poco menos que dioses iluminados. Hay que imaginarlos a todos sentados en el servicio higiénico o en un cajón mortuorio. ¿Hay diferencias entre uno y otro?

Pero aún cuando existan las mejores intenciones de pensar que en el país de los ciegos el tuerto es rey, cuesta contar hasta diez, darse el tiempo para analizar como corresponde los acontecimientos y ser racionales. Nuestra primera energía a veces va directo a defenderse de quien se cree más fuerte. Nuestro instinto de sobrevivencia funciona.

 
3 comentarios

Publicado por en abril 1, 2009 en Actualidad

 

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3 Respuestas a “Circunloquios

  1. Alejandro M.C.

    abril 1, 2009 at 1:56 am

    sólida Ada, siempre encontrando las palabras correctas para no hacernos pensar tanto para entender cosas simples que nadie reconoce a simple vista.

     
  2. Ada Angélica Rivas

    abril 1, 2009 at 2:04 am

    Alejandro, lo simple a veces es muy profundo, “lo esencial es invisible a los ojos”, según Antoine de Saint-Exupéry en El Principito. Miramos pero no vemos, ahí está el quid del asunto. Saludos

     
  3. liliana

    abril 1, 2009 at 10:00 am

    SIMPRE VA HACER ASI LOS PODEROSO QUE SIENTEN QUE TIENE EL MUNDO EN LAS MANOS Y QUE EL RESTO NO VALE NADA, QUE SOLO SON OBREROS A SU DISPOSICION SIN NECESIDADES Y ANHELO. POR ESO HAY QUE SENTIR QUE VALEMOS, HACERNOS ESCUHCAR SOMO SERES HUMANOS TAN DIGNOS COMO EL QUE TIENES MAS.COMO DIJO ALEJANDRO MAGNO, CUANDO ME MUERA VAYAN ESPARCIENDO MIS TESOROS POR LA CALLE POR QUE NO ME LOS LLEVO A DONDE VOY Y CON LAS MANOS ABIERTAS HACIA ARRIBA PORQUE CON LAS MANOS VACIAS LLEGUE A ESTE MUNDO Y CON LAS MANOS VACIAS ME VOY.

     

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